Hoy mismo, cuando estamos a punto de despedir el Otoño, en casa de nuestra hija hemos comido unas "Migas". Como ella está tan ocupada con su trabajo, aunque no vivimos lejos unos de otros, nos vemos menos de lo que nos gustaría. Pero a través del Skype charlamos cuando se nos antoja, y hace unos días me dice que el domingo, hoy, podíamos ir a su casa a comer. Que ella prepararía comida para todos y así pasamos unas horas juntos y charlamos.
Pues sí, me parece muy bien -le respondí- pero ya que no hace tanto calor como días pasados ¿por qué no me dejas a mí y preparo para hacer unas "Migas"? ...
- Hay que bien! papá. Que esa es una comida que nos gusta a todos y en un día cómo el de hoy, lluvioso y frio, apetece. Además, como sabemos que lo haces tan agusto, no nos perdonaríamos desilusionarte.
Decidido, no se hable mas. Mamá y yo llevaremos lo necesario para guisarlas y comemos todos juntos. Sabeis que esas comidas me gusta hacerlas y pondré -como siempre- todo de mi parte para que salgan buenas.
Así que el sábado ya me dejé el pan picado, envuelto en un paño de tela húmedo y la carne de cerdo: panceta, tocino de papada, magra(solomillo) dentro de la nevera para conservarlo todo fresco, hasta echarlo a la sartén y freírlo con unos ajos para completar el cubierto. Mi hija ya tenía unas uvas para acompañar las migas como tenemos costumbre.
Al final salió todo tan bien, tan redondo, que convertimos la comida en una de esas improvisadas celebraciones de las que en ningún grupo social y menos entre familias deberían escasear.
Ah, no acompaño la receta de las migas ya que es un guiso que puede aderezarse con diversos ingredientes, al gusto de cada cual, sin que pierda su calidad esencial. A veces, al freir el tocino, suelo poner unas rodajas de chorizo, para darle sabor del adobado con que éstos estén elaborados. ¡Claro, yo me lo permito porque a mí me respetan los niveles de colesterol, todavía!.
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