13 may 2011

La cena del 1/2 siglo

Igual con mis vecinos que con mis compañeros de trabajo, siempre, he tratado de llevarme bién. Con los vecinos, como nos veíamos poco (éramos gente trabajadora y parábamos poco en casa) cuando nos encotrábamos, cruzábamos nuestro saludo cordialmente, con lo cual y aunque cada uno fuésemos originario de un lugar y cultura diferente, entre nosotros, nunca dejó de ser una relación de vecindad pretendidamente duradera y correcta. Y en el trabajo, solo por el hecho de convivir jornada tras jornada y casi siempre los mismos, nunca faltó con quién simpatizar especialmente por coincidencia de carácter o manera de ser, llegando incluso a formalizar una buena amistad. En algún caso, esa "buena amistad" cultivada sabiamente, se hacía extensiva al ámbito familiar y acababa siendo doblemente buena, ya que además de disfrutar nosotros de una sana relación en el lugar de trabajo, nos permitía compartir fiestas familiares sin tocarnos nada. Por tanto, no tengo ningún reparo en confesar que en ambos casos he tenido mucha suerte. Pues después de haber pasado ¡más de medio siglo! aún conservo excelentes relaciones con algunas de aquellas familias, que por ley de vida y el inexorable paso de los años, aunque nos duela, cada vez son menos.

Retomando el hilo de lo que quiero contar, hace pocos días hice una visita a un pueblo donde había ejercido el usual "pluriempleo" más de una docena de años y me encontré con una de esas familias amigas, y tras darnos un emocionado abrazo, me decían que "aunque haya pasado tanto tiempo, nunca olvidan lo bién que lo pasaron en una cena de gratísimo recuerdo, por su tan especial como generoso significado. Y es que mis amigos de ese pequeño-gran pueblo, donde siempre se me ha tratado (y se me trata) infinitamente mejor de lo que creo merecer, conocían el día que yo cumplia medio siglo de vida y con afán de sorprenderme organizaron una cena HOMENAJE A LA AMISTAD en un magnífico restaurat de la comarca. Cena que fué especialmente presidida por la fraternidad y el buen humor. (El buen "rollo" que se dice ahora) sin que faltase, a los postres, los improvisados y muy emotivos discursillos de rigor ¡faltaría más!.
A la cena se sumaron familiares y amigos de unos y otros hasta superar con creces el número de asistentes previsto, todos ellos atraídos por la calidad y sentido que se le dió al encuentro. Entre tanta y tan buena gente, solo haré mención de dos personajes adorables (ya fallecidos ambos) como era el señor veterinario-jefe de la comarca y el señor cura párroco del pais del Cava. Con lo cual, sin segunda intención, estuvimos "protegidos" y también "bendecidos" sanitaria y espiritualmente por autoridades muy significativas en ambas materias. Que no faltó de nada, vaya...
Podría señalar cantidad de anécdotas que se dieron en lo que fué la velada, ya que duró lo suyo. Pero me limitaré a transcribir el texto de un par de autógrafos, improvisados y escritos a pluma, en los tarjetones del menú. Son estos:

- "Cuando es el corazón quién manda, no hay palabras que puedan agradecer los hechos".

- "Vive en tu corazón / escondido en el amor / como una alimaña / temiendo a ese cazador / que pondrá fin a tus días / cualquier mañana".

Creo que esa noche me hubiese negado a ingresar en un centro de rehabilitación para adictos, pero juro que la CENA fué tomar una sobre-dosis de felicidad.

Gracias, gracias, gracias, ... y más.
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