26 ene 2007

A LA FAMILIA

Las personas que conviven cotidiana y habitualmente con el laringectomizado, tienen que ser muy comprensivas con él y hablarle en un tono moderado (más bien bajo). Y una vez que tiene el alta clínica se le ha de dejar de tratar como a un enfermo. Si acaso con un poco de "favor", durante la convalecencia, pero sin excederse en atenciones especiales.

El laringectomizado puede valerse por sí mismo, igual que lo hiciera antes de la laringectomía y sólo en escasísimos casos necesitará el auxilio indispensable de otra persona, por tanto se ha de actuar con prudencia no sea que lo interprete como una actitud compasiva hacia él y se le esté mortificando involuntariamente.
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A LOS AMIGOS

Si os une verdadera amistad, debéis insistirle para que participe de vuestras reuniones y tertulias habituales aunque -al principio- lo haga sin voz. Pues la confianz que le da el no haberse separado del grupo influirá para que se distraiga de sus problemas y le ayudará a forzar su preocupación por volver a hablar pronto y recuperar su sello personal.

El laringectomizado, hasta que adquiere un tono de voz suficiente, suele tener reacciones desacostumbradas si ve que no se le entiende muy bien lo que dice. Debéis aceptarlo y responder co naturalidad para eviar un clima de tensión que os puede resultar sumamente incómodo.
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AL LARINGECTOMIZADO

Como al principio la carencia del habla y las dificultades que presenta el tener que respirar por el orificio del cuello suele producir un fuerte tráuma, acompañado de gran depresión anímica, conviene que no se recluya en la soledad. Debe participar del ambiente que le rodee, sin complejo de incapacitado, aunque -eso sí- consciente de sus limitaciones. Limitaciones que ha de aceptar resignadamente hasta que recupere la voz y se adapte a la nueva situación.

No debe demorar la asistencia a un centro de rehabilitación especializado y verá qué pronto se recupera totalmente.
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