14 nov 2009

Que lo haga la máquina....

Como mis orígenes son rurales y desde muy joven tuve que asumir el aprendizaje de las tareas del campo, sin que fuese nada excepcional, no me costó mucho aprender a hacer los trabajos que correspondía en cada época del año con cierta facilidad. Al ser nacido y criado en La Mancha no debo negar que el cultivo de viñas, en todas sus facetas, acabó gustándome. Pues me daba igual labrar la tierra, plantar una viña, que realizar cualquier otra tarea de cultivo como podar las vides, por ejemplo.
¿Por qué digo podar? por que, además de ser la poda de los viñedos una tarea de las que más me gustaron siempre, es uno de los trabajos para el que no se ha inventado, todavía, máquina que lo haga. También, por saber que las vides bien podadas tienen mayores posibilidades de mantenerse sanas y mucho mas vigorosas incluso alargar su vida produciendo buenas cosechas.
Ya se que todo ha evolucionado y han pasado muchos años desde entonces y debería tenerlo olvidado, pero hoy sábado, en el programa de televisión Agrosfera (canal 2) se ha dicho que los agricultores ahora, con el viñedo, tienen un problema por que falta gente que sepa, o quiera, podar. Y eso me entristece en la misma medida que me alegra el que se labre, vendimie, se planten o arranquen las viñas con máquina ... y el conductor trabaje con aire acondicionado en verano y con calefación en invierno. Qué menos.
Sin embargo, me preocupa el que siendo la poda de viña una de las faenas del campo más agradecidas se haga mal, o no se haga, por falta de podadores especializados. Si algún día sale una máquina que sepa por donde y qué sarmiento tiene que cortar en cada cepa, o parra, será un alivio.
Seguiria, pero no.
Adios.
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7 nov 2009

El retrovisor II

Hoy me apetece basar esta nueva entrada en una determinación y una fecha que, aunque quisiera, me resultaría imposible olvidar. Y es que se acaban de cumplir el cincuenta y cuatro aniversario de una aventura que empezó a las once de la noche del día 2 de noviembre de 1955 y que, con acierto o si él, ya no tuvo marcha atrás.
En ese momento, con un pie en el estribo del viejo autocar que me trasladó a la estación de ferrocarril mas próxima, donde poder coger un tren con dirección a Barcelona, abrazaba a los míos y con la voz rota por la emoción me despedía de ellos con un "hasta luego" ya que era consciente de que podía arrepentirme antes de fijar una nueva residencia, dado a la dificultad que entrañaba "atrenizar" en una ciudad desconocida, sin tener oficio alguno al margen de las labores del campo aunque, eso sí, con muchas ganas de trabajar y aprender lo necesario para no defraudar a quienes me animaron a tomar tál decisión, como hicieran poco antes los hijos de una familia de Cuenca para la que trabajé unos años, ayudando a recolectar cereales, y de la que tan buenos recuerdos guardo.
Comenzaba entonces, insisto, una aventura que ni yo mismo estaba seguro de que pudiese acabar medio bien, estaba viviendo una etapa tan confusa y de tan alejado e incierto porvenir que creí que valdría la pena arriesgarse y comprobar si me equivocaba o no.
Ni que decir tiene que al principio, tras decidir quedarme y traer a mi lado a mi esposa y a nuestro hijo, tuvimos dificultad para organizar nuestro hogar hasta que poco después de nacer nuestra hija obtuvimos un piso-vivienda a nuestro nombre. Desde entonces, con nuestra casa amueblada con lo imprescindible, el colegio de los niños en nuestro barrio, un trabajo seguro con posibilidades de mejorar profesionalmente, y ¡lo mejor de todo! juventud y espíritu de lucha para mirar hacia adelante, contando -eso sí- con la complicidad de mi esposa, aun más joven que yo, entregada, dispuesta, a ejercer de esposa y madre de forma ejemplar. Ella que de perezosa no tenía -ni tiene- nada, supo y sabe hacer con nuestros ingresos casi milagros para que en casa no falte nada de lo indispensable. Los niños, bien nutridos y aseados, acudían puntualmente a su colegio. Y para mí siempre tuvo a punto lo necesario para que yo me dedicara a mi/s trabajo sin que tuviese que preocuparme de nada más, si no era preciso.
Después, cuando nuestros hijos se hicieron mayores de edad y se independizaron, los años han ido pasando y nosotros envejeciendo sin razón para quejarnos de casi nada.
Por hoy basta, adios.

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27 oct 2009

AL MIRAR POR EL RETROVISOR

Trabajar en el campo los años cincuenta, en La Mancha, e ir "de semana" consistía en: Salir el lunes con el carro cargado de aperos de labranza, pienso suficiente para las caballerias y "ato" (la comida del gañán) que consistía, generalmente, en productos básicos y fáciles de cocinar a la brasa o en la sartén. Con todo ello, suficiente para los seis dias de la semana, solo cabía instalarse en la "quintería" (casa o bombo) de la propia finca, o en otra ajena de alrededor.
De la tarde del lunes y hasta el mediodia del sábado eran jornadas de trabajo que duraban tanto como durase la luz del día, es decir, desde el amanecer hasta anochecer, sin contar las horas. Y si llovía entre semana y no se podía labrar la tierra, por no embarrarla, ese tiempo se ocupaba, entre otras cosas, en limpiar de basura las cuadras, engrasar y recoser las guarniciones, tejer con esparto pleita o sogas y jugar a las cartas. Todo ello para hacer la inactividad mas llevadera.
La tarde del sábado era para llevar las rejas a la fragua, las caballerias al herrador y a última hora a la barbería. El domingo por la mañana se dedicaba a preparar todo lo necesario para la semana siguiente y depues del mediodia a pasear o al casino con los amigos.
El lunes, con resaca o sin ella, vuelta a empezar.....
Continuará, adios.
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20 oct 2009

¿Por qué no nacer dos veces?...

Me esfuerzo, pero no soy capáz de recordar la respuesta que diera cuando era un niño y me preguntaran "qué quería ser de mayor". Puede que dijese que me gustaba ser agricultor, vitivinicultor en particular, o pastor de ovejas y cabras, por ser las pricipales fuentes de riqueza de una región rural (La Mancha) muy extensa, seca, con una climatología variable y extrema donde los pueblos están muy alejados unos de otros y el paisaje carece de atractivo. Ni siquiera creo que dijese que me gustaría ser; boticario, barbero, guarda de la porra, veterinario, esquilador, etc. por que entendíamos que esos profesionales que podíamos elegir como modelos eran personajes inimitables, es decir, únicos. El "boticario" con el mortero hacía multitud de ungüentos milagrosos; el "barbero" erradicaba el dolor de muelas con un tirón a lo bestia y sin cloroformo; el "guarda de la porra", el policia urbano, era la autoridad personificada; el veterinario ¡ojo con esta autoridad! era quién en las matanzas caseras, antes de autorizarlo él, nadie podía probar la carne del cerdo por si contenía triquinosis. Ah ¿y el esquilador? este hombre que con solo unas tijeras igual bordaba obras de arte sobre las ancas de las caballerias que quitaba la lana a las ovejas sin desperdiciar un solo bellón ? Éste, el esquilador, en los meses que quedaban fuera de temporada y los rebaños no se esquilaban, por las calles ofrecía su servicio a domicilio con una musiquilla típica, a base de repiqueteos abriendo y cerrando las tijeras.
Sin embargo, sin vocación por ninguna de éstas profesiones, ni oficio en concreto, quién me conoció desde joven dice que casi todo lo que me proponía hacer en cualquier terreno lo hacía bién. Lo cual me lleva a la conclusión de que es mas importante hacer una sola cosa muchas veces, que muchas cosas a la vez. ¿o no?
Buenas tardes
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18 oct 2009

NI MALO NI BUENO: SOLO PASADO

A mucha gente de mi generación, a mí el primero, nos parece que hemos vivido los últimos setenta años del siglo XX sin entender muy bién que la modernidad es progreso, que significa avanzar, etc. Vivimos una infancia tan añeja, tan rancia y tan rústica, que jamas creímos en la posibilidad de mejorar que no fuese fruto de algún milagro (por la gracia de dios) ya que el esfuerzo, el trabajo a lo bestia, se nos antojaba un ejercicio inútil, por falta de ilusión.
La cultura de la españa rural que geográficamenta eramos mayoría, no negamos que estuvo siempre tan enquistada en las tradiciones, en viejas costumbres, que salirse de aquél modelo de vida era considerado poco menos que de locos, y no exagero.
Ahora, jubilado, como todo el tiempo que tengo es tiempo libre, me estoy permitiendo enjaretar unos apuntes sobre lo que recuerdo desde la edad mas temprana de mi existencia hasta haber rebasado la frontera de tan tormentoso, desasosegado como agitado siglo, y me sorprende en positivo recordar que ni las familias más pobres se creían infelices. Cada cual se ceñía a vivir como le permitiera su particular economía, aunque solo fuese el fruto de su trabajo diario o temporal. Quien podía permitirse unas vacaciones las disfrutaba, y quien no podia se resignaba por que entendía que eso era un lujo que él no podía, o debía, permitirse y en paz. Y así hasta el infinito...
Si no abandono la idea de extraer curiosas (ya está dicho) experiencias acerca de lo vivido por mi generación, sin que me guste aceptarlo como que cuento "batallitas del agüelo", iré rellenando este blog amigo.
Saludos
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