12 oct 2010

Fiesta con cerdo.

La matanza del gorrino (así se le llamaba al cerdo en mi tierra) solía ir acompañada de un ritual que mas parecía una fiesta. Y es que era una fecha muy esperada, por que de ese día dependía proveer la despensa de lo por entonces considerado imprescindible para disponer de puchero la mayor parte del año.
Pero vayamos a lo que era la matanza, empezando por la preparación. Al "gorrino" se le tenía 24 horas, o mas, sin comer para facilitar el lavado de tripas (mondongo) para su mejor aprovechamiento.
Muy de madrugada, una vez encendido el fuego y puesta a calentar una caldera con agua, y tomar ¡faltaría mas! el acostumbrado trago de aguardiente, al "gorrino" se le sacaba de la cuadra, tirando de él, con un gancho de hierro clavado en el maxilar inferior. Ni que decir tiene que los gritos (gruñidos) angustiosos del pobre animal se oían desde lejos. Una vez desangrado y socarrado, en la misma mesa, se lavaba con agua bien caliente y se ponía a disposición del experto (matarife) para abrirlo y piecearlo convenientemente.
Por lo que recuerdo, antes de catarlo, era obligado llevar unas muestras al señor veterinario para analizarlas y dar el "apto para consumo humano" enviando a una pareja de agentes municipales (consumistas) que pesaban la canal, creo que para calcular el impuesto municipal a pagar y le ponían el sello que acreditaba el cumplimiento de la ley. Luego se cortaban unos trozos de panceta, morro, papada, y salpimetada se ponía en la parrilla y con pan blanco y tierno, y vino de la tinaja se "mataba" el hambre hasta la hora de las gachas que solía ser la comida fuerte del día.
Después de comer, cuando habían pasado 12 o mas horas y la carne estaba absolutamente fria, el carnicero recortaba los jamones, sacaba los lomos, la manteca, todo cuidadosamente pieceado. La sangre, la manteca y la cebolla hervida para las morcillas, así como la carne y el tocino para los chorizos, adobado todo ello en cumplidos lebrillos de loza con sus correspondientes especias, se dejaba reposar para elaborar los embutidos al día siguiente, por que resultan -se decia- mas sabrosos.
Ah, en la sobremesa se acostumbraba a concertar qué vecino y cuando convenía celebrar la próxima matanza, para hacer otra fiesta.

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Ya puesto, diré que unas "gachas de matanza" solo se diferencian de las que se cocinan durante todo el año (ahora incluso en restaurates de todas las categorías) en que junto con los trozos de tocino se frien otros de hígado del mismo cerdo y con una punta de especias de las utilizadas para el embutido, bien machacado todo en un mortero, se añade a las gachas antes de romper a hervir y al final les da un sabor muy especial, y si pican un poquitín ¡qué güenas!.

Saludos, amigos, y hasta otra.
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9 oct 2010

Sencillamente genial...

Acabo de ver por la "tele" cómo se cocinan unas judías secas, blancas, en una casa de un pueblo de Aragón. Lo que no he oido decir es el nombre del guiso. No se si son "judías estofadas", "habichuelas guisadas"... no lo se. Se que se trata de un plato muy sencillo, fácil de hacer, ya que la guisandera les ha puesto pocos ingredientes; una cabeza de ajos, dos hojas de laurel, aceite de oliva, media cebolla, morcilla, chorizo y creo que nada más.
Lo que me ha hecho mucha gracia es la exclamación de la cocinera, cuando en sus últimos hervores, a punto de retirarlas del fuego, las ha catado. Y es que, con ese gesto característico que solemos acompañar la aprobación de algo que nos sabe bien, la buena señora ha dicho: ¡Están que hablan!. Ingeniosa la frase, ¿no?.
Después, he recordado a nuestras madres (en particular la mía) cuando de jóvenes nos animaba a comer y nos decía: "Comer, que este guiso resucita a un muerto" igual si era un "potage de Semana Santa con garbanzos y bacalao" que "capón en pepitoria". Ella sabria lo que le ponía para estar tan rico.
Podría recordar muchas mas frases ingeniosas, pero hoy me quedo con la última que he oido por que me ha encantado, la verdad.

Bueno, condios.
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7 oct 2010

Televidente por placer

No se si me arrepentiré, pero he cogido una excedencia o baja temporal voluntaria, como televidente frustrado. Debo decir, también, que nunca me consideré un adicto a la televisión, ni siquiera a las retransmisiones de partidos de fútbol, baloncesto o tenis, que son deportes por los que tengo cierta debilidad. Me recreo, disfruto, viendo alguno de los partidos o carreras de motos y documentales sobre modos y costumbres de los pueblos incluso los referidos a la vida animal en general, siempre que puedo. Es decir, que intento ser televidente por placer, que no por vicio.
Hasta hace poco, la mayor parte de mi "tiempo libre" lo invertía en preparar las clases de "erigmofonía", para la rehabilitación de laringectomizados por cáncer de laringe, en centros especializados, con los que estaba (aun lo estoy) comprometido. También he participado de charlas-colóquio en los Institutos de enseñanza recundaria (ESO) con motivo de las campañas antitabaco, informando a los escolares (adolescentes) acerca del "efecto tabaquismo" y en todo ese tiempo la televisión, para este humilde mortal, casi no existía. Tanta actividad, estando jubilado, no solo me ha enriquecido personalmente, si no que ha mejorado significativamente mi calidad de vida a nivel familiar y socio-vecinal.
Pero veamos por qué me he tomado un tiempo de espaldas al televisor: Como soy de carne y hueso y a mis años no dejo de hacer cosas, al sentirme cansado me acomodaba en el sillón y para no dormirme cogia el mando a distancia y daba un "paseo" por los canales mas vistos ¡que horror!: los noticiarios ocupan su espacio enseñando muertos por todas partes, políticos corruptos (menos mal que son presuntos, todavía) incluso gobernantes amenazando constantemente con que lo peor de la crisis no se conoce aún.... etc.
Sobre los programas de entretenimiento -dicen- solo daré dos nombres (personajes públicos por vocación) para que nadie se enfade conmigo y me acuse de invasor de intimidades. Entre las aventuras de Dinio "El cubano", desde hace unos años, y las cómicas y no menos extravagantes peripecias sobre la vida y la "suerte" de Belén Esteban, contado todo ello por equipos de "trituradoras/es a sueldo" bien engrasadas, aguantar dos horas de televisión sin cerrar los ojos ni ruborizarse, tiene su mérito.
Yo abandono, lo siento.
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24 sept 2010

entretiempo...

Hablando con nuestro nieto le comentábamos que, cuando su madre (nuestra hija) era pequeña, alguna vez preguntó si nosotros éramos pobres de verdad. Imagino que el motivo por el que la niña preguntaba no sería otro que la simple curiosidad de saber qué signifacaba ser pobre, ya que en casa no teniamos demasiadas ni grandes carencias económicas, dado a que nuestros ingresos por ser asalariados eran suficientes para cubrir las necesidades básicas de cualquier familia trabajadora. Seguramente ella nos habría oido decir que nosotros éramos pobres, es decir, que no éramos ricos y como las monjitas en el colegio, al hablarles de "pobres" se referirían a los mendigos, a los que no tienen nada y viven de la caridad, para despejar dudas sobre lo que nosotros entendiésemos como ser pobres y para saberlo ella no le quedaba otra que preguntarlo. Ahora nos reimos todos cuando contamos ésta y otras anécdotas parecidas.
El nieto, que estudia en la Universidad y algunos días, cuando sale de clase, se pasa por casa y come con nosotros (con sus yayos, dice él) la verdad es que juntos nos disfrutamos los tres. Creo que eso lo hace más por bien a nosotros que por él mismo, aunque dice que las comidas que hace su abuela son tan buenas que, mientras pueda, no se las quiere perder.
Hace unos días pasó y le dimos un poco de dinero para que se comprase algún capricho a su gusto, ya que se le guardaba como regalo de cumpleaños (es lo que solemos hacer con todos incluso por Navidad o Reyes). Aunque no podemos negar que nos lo agradece un montón, él no lo acepta hasta saber que a nosotros no nos hará falta para cubrir nuestras necesidades, sin reparar en si somos, o no, "pobres de verdad" como decía su madre.
Hace unos días pasó a vernos y le dimos -por su reciente cumpleaños- el regalo acostumbrado y el abrazo -también acostumbrado- que al marcharse nos ha regalado él nos ha emocionado igual que ocurría con los besos y los abrazos de su madre al decirle, para tranquilizarla, que no sufriera por que no éramos "pobres de verdad". Que igual humildad que modestia o sencilléz nada tiene que ver con pobreza.
A los abuelos, a los padres ya viejos, dejándonos comentar estas pequeñas anécdotas, se nos hace inmensamente felices.
Hasta otro momento, amigos.
Saludos
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20 sept 2010

Uno solo contra muchos

Para superar mi profunda tristeza, por el reciente fallecimiento de SU SEÑORIA Dn. J. A. Labordeta, además de recordar el sencillo y graciso lenguaje castellano-aragonés que solia utilizar en todas sus intervenciones, he recurrido a rememorar aquella increible serie de televisión llamada "Un pais en la mochila", ya que entendí que cada uno de sus capítulos discurría por hermosos lugares de esa España rural que tantos jóvenes (familias enteras) abandonamos por necesidad, o conveniencia, y que no olvidaremos nunca.
Su señoría, José Antonio Labordeta (yo le tenía por un hombre sabio y un poco "loco") en su lento caminar se encontraba con gentes rústicas, la mayoría personas mayores de aspecto cansado que al verle aparecer se venían arriba y celebraban su presencia con gran alegria ofreciéndole calor familiar, lo cual da a entender que para ellos no era un visitante desconocido. En sus conversaciones con esas gentes tan hospitalarias, acogedoras, muchísimos españoles según el lugar que visitara nos sentíamos identificados y más cerca de lo que son y serán siempre nuestros propios orígenes. Este SEÑOR, ya que señor lo era un rato y con mayúsculas, por donde pasaba, aunque le gustara usar el buen humor para no aburrir ni aburrirse, como profesor de Geografía e Historia, las enseñanzas que nos regalaba sobre la vida y costumbres en esos lugares, todas ellas eran realidades auténticas, aunque ahora parezca increible o quiera ignorarse.
Además de verlo yo como un hombre sin dobleces, llano, sencillo, inteligente, de hipócrita o cobarde tendría poco cuando se atrevió a mandar "A LA MIERDA, JODER" en voz alta a quienes desde la prepotencia, la soberbia, intentaban entorpecer una de sus intervenciones en el Congreso de los diputados.
No se si por ser como era, su alma habrá ido a parar al cielo o al infierno, lo que si se está demostrando (haciéndose público) estos días es que -esté donde esté- millones de españoles mantenemos vivo su recuerdo y para su bién pedimos que descanse eternamente y en paz.
Tampoco se si todos somos irrepetibles, Él seguro que sí lo era.
Saludos.
Caoba
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